domingo, 6 de agosto de 2017

Desaprendiendo dos.

Me siento en el jardín,
levanto la cabeza y la echo hacia atrás,
de tal manera que pueda aspirar por la nariz, finamente, despacio.
Para poder percibir todos los olores, todos los aromas.
Para poder sentir la humedad que trae el aire.

Escucho el canto de la oropéndola,
y la visualizo amarilla, como una flauta,
por entre el follaje del lago.

A mi lado tengo un viejo olivo y lo contemplo.
Veo como, a estas alturas del estío,
las aceitunas van engordando.
Qué bonita es la aceituna verde, que oronda y tranquila pende.

Mientras, de vez en cuando,
una leve brisa mañanera, fresca y sutil,
me acaricia en la cara, recordándome que es domingo.

Los gatos, gatas y gatitos evolucionan por el césped,
aunque casi dormitando.
La jornada nocturna ha sido larga.

Y yo mientras, aquí estoy sentado.
Contemplando.
Viendo como el atardecer de mis días,
prosigue cargado de sueños, de esperanzas, de frustraciones.
Viendo como el discurrir del tiempo,
solo ha hecho más que cargar mi mochila, con una pesada carga,
que ahora quiero soltar.

Porque sigo desaprendiendo…

Desaprendiendo lo que me han enseñado desde pequeño.
Desaprendiendo el sistema de creencias en el que me muevo cada día
y por el que discurre mi vida,
como si de una autovía se tratara.
Llena de señales que te indican constantemente,
hacia donde debes dirigirte.
De la que solo se puede salir cada tantos kilómetros
y una voz en off muy cortés te anuncia:
“A cien metros tome la próxima salida.
En la rotonda salga a la derecha.
Después gire a la izquierda otros cien metros”

Desaprendiéndome de mis “quehaceres”.
De mis “deberías hacer esto y aquello o lo de más allá”.
Desaprendiendo al amor,
soltando lazos,
ensanchando límites.

Y, sin embargo, leo con Pessoa:
“Mi alma es una orquesta oscura.
Una brisa de atención recorre mis alas.
Soy un señor de los bosques, al borde del acantilado”

. . .
Esperando el tren que ha de pasar.
No sé ni cuando,
ni dónde . . .




En la mar que me vio nacer.

8 comentarios:

  1. Desaprender es un ejercicio necesario que nos lleva a ese viaje del yo interno, que tanto nos enseña… ése, que nos vacía la mochila del peso superfluo y nos aligera los pasos por ese camino que en verdad deseamos caminar por nosotros mismos y desde nuestra más profunda libertad…

    Muy bello y reflexivo, Rafalín… Un placer visitarte.

    Bsoss y feliz semana.

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    1. El placer es para mi tu visita tan generosa, con tanta comprensión.

      Se ve que eres mujer con experiencia vital y conocimiento de sí misma. Y esto me encanta en cualquier persona...

      Muchas gracias por pasar por aquí y detenerte...

      Espero poder pronto leer versos en tu blog. Contemplar tan bellas imagenes femeninas y escuchar la musica con que las acompañas...

      Beso dulce en esta noche Ginebra! ��

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  2. El arte de desaprender... Somos vías que suman experiencias, acumulan lastre... Pero también Somos nuestros propios buscadores de caminos que apartan ese leño cruzado y sigue sin mirar atrás... Porque la vida es como una ruta circular... Camino que no volverás a pisar.

    Me gusta mucho tu post... Y esas imágenes son preciosas, una belleza perder la mirada en ese horizonte.

    Mil besitos, amigo mío y feliz tarde.

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    1. Querida Aurora:
      Me encanta ese sentimiento tan noble y esa mirada tan profunda que tienes.

      Yo también estoy de acuerdo en que la vida es como una ruta circular.
      Como en el símbolo del "reiki" (no se si la conoces) que va dando vueltas en espiral.

      Así se cruzan nuestros caminos, a veces, y entonces apartamos "leños" juntos (me gusta esa expresión).

      Bonito entender. Se nota que llevas ya recorrido un largo camino de experiencias en el terreno del conocimiento de sí mismo, sí misma.

      Muchas gracias por tu bella huella,
      por tus leves y a la vez hondos pasos;
      por tu fragancia.
      Gracias.

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  3. Qué bonito mirada has tenido, amigo Rafalin, contemplando los atardeceres, lleno de ilusiones y soltando las cosas que no te hacen falta, muy bonita la entrada y las imágenes.

    Besos.

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  4. Apreciada María:
    Cuanto agradezco tus palabras, tus versos,
    tus entradas llenas de lujuria y pasión libidinosa a veces,
    que completas magistralmente con otras entradas llenas de sentido y emoción.

    Cada día descubriéndote un poco más.
    Muchísimas gracias por pasarte, por quedarte un rato a leer
    por dejar un poco de aire fresco en este bosque.

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  5. Regalas ideas, pensamientos, sueños. Siempre es dar lo que nos une en ente infinito estar, me ha encantado, y aquí me quedo poeta.
    Abrazo

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    1. Que bien María del Rosario.
      Agradecido por tu visita,
      agradecido por tus palabras,
      agradecido por tu seguimiento.

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